domingo, 23 de diciembre de 2007


¡FELIZ CUMPLEAÑOS, NIEMEYER!

El brasileño Oscar Niemeyer, uno de los grandes arquitectos de todos los tiempos, cumple 100 años este 15 de diciembre। Pocos artistas pueden llegar a esta edad con una agenda activa de trabajo, el reconocimiento universal de su obra y el convencimiento de que, “lo importante es la vida, los amigos e intentar que este mundo injusto sea un lugar mejor en el que vivir”.

Niemeyer continúa asistiendo diariamente a la oficina que tiene en Río de Janeiro। Su proyecto más inmediato es la rehabilitación de la sede de la presidencia de Brasil, el palacio Planalto, que él mismo diseñó en Brasilia en la década del cincuenta.

Este año inauguró el Teatro Popular de la ciudad de Niteroi y revisó la reedición de su libro de memorias “The Curves of Time”. A la par, disfruta de la compañía de Vera Lucia, de 60 años, su secretaria desde hace quince años y con la que se casó en segundas nupcias a fines de 2006.
Para Niemeyer la celebración de su centenario no tiene la menor importancia। “Lo principal es mirar hacia atrás y sentirme bien conmigo mismo”, dijo hace unos días en entrevista de prensa. Y a la pregunta de cuál considera su legado más significativo, respondió: “Siempre digo que la vida me parece más importante que la arquitectura”.

A punto de inaugurar un siglo de vida, a Niemeyer le agrada constatar que “luchar por un mundo mejor y más justo fue siempre su preocupación”। Admirador del coraje y el patriotismo de Fidel Castro, el gran profesional se declara con orgullo comunista, radical y defensor de los menos privilegiados del planeta. Y afirma : “la arquitectura no cambia la vida de los pobres; para cambiarla hay que salir a la calle y protestar”.

Como arquitecto nunca le sedujo el ángulo recto ni la línea dura e inflexible creada por el hombre। Dice que le atrae “la curva libre y sensual, la curva que encuentra en las montañas de su país, en el curso sinuoso de sus ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preterida, y las del universo”.

Autor de algunos de los edificios más emblemáticos de Brasilia, capital de Brasil y uno de los símbolos de la visualidad del siglo veinte, Oscar Niemeyer considera que la arquitectura es una cuestión de sueños y fantasías, de curvas y de espacios amplios y abiertos। Por eso, las más de 500 obras salidas de sus manos son imaginativas y sensuales y muchas constituyen un homenaje al paisaje brasileño.

El mundo festeja el centenario de un artista que “nunca se deslumbró con el lujo, el poder y la gloria” y “que ama, por encima de todo, al pueblo de su país”.
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