domingo, 23 de noviembre de 2008

Las telenovelas no pueden sustituir a los noticieros.

Por: Lázaro Sarmiento

La televisión no es mi tema, ni un tema que me gusta debatir ya que puede ocurrir que la discusión no tenga fin, o termine repitiendo una serie de lugares comunes, o ignorando otros. Todo el mundo tiene su concepción de lo que debe ser este medio, en primer lugar, porque todos somos televidentes. El asunto se complica por la existencia de un prejuicio muy generalizado sobre la televisión.

En el artículo Telenovelas: Una Cuba recreada (La Calle del Medio. Número 05, septiembre 2008. Prensa Latina) Yuris Nórido expresa sus interesantes puntos de vista sobre un género favorito de una buena parte de los televidentes. Después de enumerar las características tradicionales de la telenovela (por ejemplo, recuerda que se sustenta en las peripecias del amor y la pasión), así como las aspiraciones del dramatizado audiovisual contemporáneo de buscar nuevos acercamientos a los problemas actuales de la sociedad, el periodista señala:

“Pero en la Cuba de ahora mismo los realizadores se han visto ante el reto de ofrecerle a la gente la telenovela de toda la vida y de paso complacer a los muchos que piden que los dramatizados del patio reflejen con objetividad y sin medias tintas la compleja realidad nacional”.

Nórido observa que por telenovela pasan productos que no necesariamente encajan en los moldes del género y que buena parte del público termina por decepcionarse y aburrirse.

“La Cuba contemporánea que recrean las telenovelas no es necesariamente la que todos los espectadores esperan ver recreadas. Lo que a algún segmento del público podrá parecerle superficial o insuficiente, a otro podrá parecerle fuera de lugar o sobredimensionado.”
Expresa el articulista que resultaría inocente – o muy premeditado desaprovechar el impacto del dramatizado en el público y su influencia en la formación de valores, así como su potencial para orientar y educar. Luego subraya lo que muchas veces los programadores, guionistas y directores parecen olvidar: la telenovela “primero que todo tiene que entretener, recrear”.

Y ahora viene lo que más me interesó de este artículo de Yuris Nórido en La Calle del Medio:

“Hemos sido testigos de cómo el dramatizado cubano ha abordado primero y con más frecuencia que otras instancias comunicativas algunos temas espinosos como los prejuicios con la sexualidad, el SIDA, la corrupción, la emigración, la violencia, las carencias económicas”

“Cuando el acercamiento a esos temas ha parecido insuficiente, desafortunado o exagerado, no pocos sectores de la sociedad han reclamado con toda justicia y derecho; pero no siempre se tiene en cuenta que el ámbito ideal para un debate más profundo y acucioso sobre la realidad nacional es el periodismo, la investigación. A la telenovela, en todo caso, no habría que pedirle lo que puede y debe ofrecer el Noticiero”.
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