jueves, 20 de noviembre de 2008

Regreso a Salzburgo desde La Habana
Por: Lázaro Sarmiento

Tiene 78 años. Sueña con que un productor la descubra y la incluya en una película. Otras veces en su imaginación el cineasta es sustituido por un extranjero maduro, rico, que la invita a Salzburgo, la ciudad austriaca donde ella estuvo hace una década. El viaje se lo facilitó una organización de mujeres alemanas. Todo fue como en una película porque “la vida muchas veces copia al cine.”

Arriba de la chimenea, un sitio especial de la sala, unos portarretratos muestran a una pareja que siempre admiró: María Félix y Jorge Negrete. “En Cuba, hubo una época en que todas las mujeres querían parecerse a María”.

En la pared cuelgan dos títulos recién obtenidos: Estudios de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor y Curso de Inglés. Ahora aprende francés. El aula está llena de jóvenes que la adoran. “Me gusta rodearme de juventud porque eso alimenta mi espíritu. Y ellos elogian mi estilo. Les sirvo de inspiración.”

Durante cuarenta años trabajó en un hospital como técnica de radios x. “Veía como eran los cuerpos por dentro y como se destruían en nada por roturas, tumores y bacterias: niños, jóvenes, viejos…” Ahora no quiere oír ni hablar de enfermedades. Y mucho menos que le mencionen la palabra muerte.

Otros hacen del pasado una bandera. Ella no. Lo suyo es la ilusión, las relaciones sociales, los cursos, la conversación, el divismo, los gestos…

Mientras espera por algunos de sus sueños, ensaya poses mayestáticas en su casa de Centro Habana. Y perfecciona la pronunciación de palabras como amour, vie, voyage, rêve

Se llama Niovis Matilde. Bonne chance, Madame.

Fotos: Lázaro Sarmiento
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