lunes, 2 de agosto de 2010

OSCURO

Por: Lázaro Sarmiento

Pensé en los amores deseados (no imposibles) y en algunos libros perdidos, mientras una voz desde la estación de radio emitía consejos para parejas en activo. Es sorprendente la lista de imágenes que nos envuelven en la cama de madrugada en medio de un agujero de insomnio. Recordé primero El reposo del guerrero (Christiane Rochefort), que leí mucho antes de las primeras relaciones sexuales. Este libro lo extravié en alguna parte, al igual que Vuelo nocturno, de Saint-Exupéry que prefiero por encima de El Principito y sus recetas universales. Y estaba centrado en un rostro en otra dimensión del tiempo, imaginado más que recordado (igual que yo, tendría hoy otra cara frente a la fosforera encendida) cuando la locutora dijo “usted aprenderá a aceptar los cambios físicos si se concentra en lo que puede darle a su pareja, en lugar de pensar en lo que no puede ofrecerle”. Me levanté a orinar y cuando ya estaba en el baño, ella seguía su terapia radiofónica a las 3 y 15 A.M (el digital de la habitación):

“De más valor a las sensaciones y no tenga miedo a hacer experimentos. Al descubrir más maneras de jugar con el cuerpo, usted conseguirá que las relaciones íntimas sigan siendo frescas y emocionantes”.

Luego presentaron una grabación de Enya.

Esta mañana había olvidado el inventario de imágenes y los juegos de unas horas antes. La radio continuaba prendida y la misma locutora mencionaba ahora una enorme mancha negra en el mar.

¿Con quién habré dormido en una playa de oscuras arenas?


Oscuro 4, obra de Rocio García (Cuba)
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