sábado, 7 de enero de 2012

AVENTURAS EN LA CALLE.

Por: Lázaro Sarmiento

Una pequeña sorpresa puede cambiarnos la brújula del día. Esto fue lo que me sucedió hoy en la Calzada de Infanta. Hacía semanas que estaba pensando en varios libros entrañables que extravié, me robaron o regalé en un episodio de delirio. Uno de los títulos perdidos es Aventuras de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, publicado en La Habana en 1968 por el Instituto del Libro. La edición tiene un prólogo de Julio Cortázar, quien también hizo la traducción del inglés. El dibujo de la portada es de Raúl Martínez. Después de años buscándolo en la librerías de viejo me encuentro esta mañana, sin proponérmelo, en un tarima improvisada, un ejemplar de aquella edición del magnífico relato de aventuras marinas que Poe publicó en 1838. Y para mayor sorpresa aún, el vendedor casi me ofrece disculpas por el precio del libro: cinco pesos…¡ menos de veinticinco centavos de dólar ¡ Yo le hubiera pagado mucho más ya que las peripecias de Pym fueron una de mis grandes emociones como lector adolescente, una experiencia que no se repite nunca más porque con el tiempo perdemos la inocencia frente a la literatura . Agarré el libro y caminé hacia mi casa con la presunción de que iba montado en la máquina del tiempo en un viaje hacia algo muy importante del pasado. Nadie imaginó en la calle Infanta el motivo de mi rostro de felicidad.



Del prólogo de Julio Cortázar:

“A las puertas de un gran misterio, Pym-Poe se ve precisado a callar. Y este silencio tiñe todo el libro con un horror sagrado, insinúa un sentido ambiguo en cada escena anterior, enriquece misteriosamente el relato y a la vez lo desnuda de su fácil truculencia para dejar entrever detrás de esas matanzas, ese canibalismo, esa exhibición de cadáveres descompuestos, un signo profundo del hombre en lucha consigo mismo o con el destino. Quizá por eso no hay férula estimativa capaz de quitarle el indefinible, sigiloso prestigio de que goza en el mundo entero.”

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