martes, 18 de septiembre de 2012

CUANDO “SECUESTRAMOS” A ROSITA FORNES.



Por: Lázaro Sarmiento

Rosita estaba esplendorosa en su madurez física y artística. En unas semanas, La Habana sería la sede del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Por toda la ciudad se presentaban espectáculos para recaudar fondos para la gran fiesta. En esta ocasión, el cabaret Tropicana era el escenario de uno de los eventos. Y entre las figuras convocadas estaba Rosita Fornés. A ella habíamos ido aplaudirla Gladys Pérez, Ondina Mateo, Joaquín Baquero y yo. Gladys, periodista, muy joven entonces como todo el grupo, había entrevistado unas semanas atrás a Rosita para un radio documental de Radio Progreso. De pronto, Joaquín Baquero se levantó  y se perdió entre las mesas  del salón Arcos de cristal. Unos minutos más tarde regresaba eufórico acompañado por la mismísima Rosita Fornés. En esa época él no conocía personalmente a la ya legendaria vedette pero se la ingenió para arrancársela  de las manos a su media naranja Armando Bianchi  y traerla hacia nuestra mesa con el propósito de presentármela. La escena provocó una eclosión maravillosa entre mi timidez y el deslumbramiento. La estrella comenzó a improvisar un discurso cortés, en armonía con su glamour, hasta que apareció  Bianchi, quien tomándola del brazo le dijo con tono firme:

 -Vámonos, Rosa, sabes que no me gustan los secuestros.

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