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domingo, 9 de junio de 2013

TRENES SOBRE EL MAR.

Durante 46 años miles de toneladas de mercancías entraron a Cuba en vagones de ferrocarril desde Estados Unidos a través del Estrecho de la Florida. Fue la “primera línea internacional de ferrys ferroviarios”. El servicio se inauguró el 5 de enero de 1915 con el arribo al espigón de la ensenada de Atarés, en la Bahía de La Habana, de un lote de vagones refrigerados a bordo del ferry Henry M. Flagler, procedente de Cayo Hueso.

Los vagones de mercancías llegaban a sus destinatarios “de forma expedita, sin ningún tipo de manipulación, trasbordo o almacenaje de la carga”. Con el tiempo se incorporaron otros ferrys, incluidos los dos buques de su tipo mayores del mundo. El trayecto en los primeros tiempos duraba unas siete horas y media.

Se calcula que en el año 1957 el tráfico ferroviario entre Cuba y Estados Unidos sobrepasó el medio millón de toneladas de mercancías. Este sistema de ferrys ferroviarios cesó en agosto de 1961. Ese año, a causa del bloqueo del gobierno norteamericano contra Cuba, dejaron de llegar al puerto de La Habana “los trenes que circulaban por el mar”.


Estos datos aparecen publicados en un artículo de Manuel Rodríguez González, en la revista Mar y Pesca, de mayo de 2013.

sábado, 21 de noviembre de 2009

LA HABANA, BARCOS EN LA AZOTEA

Por: Lázaro Sarmiento

Una mañana descubrí un barco de Novorossysk y a la siguiente uno de Patras. De niño, me cautivó por largo tiempo la imagen de la Bahía de La Habana vista desde la azotea de la casa de Amelia, una de mis tías. Ella vivía en la calle Damas casi en la esquina de la Avenida del Puerto, a unos metros de los Almacenes San José, que la Oficina del Historiador de la Ciudad convirtió hace unas semanas en un moderno mercado de artesanía artística.

Con unos prismáticos desde lo alto del edificio de Amelia se distinguían las banderas de los países en cuyos puertos estaban registradas la mayoría de las embarcaciones ancladas entonces en las aguas habaneras: URSS, Panamá y Grecia. Y, claro, estaba la Flota Cubana de Pesca. Me entretenía en adivinar la vida que en el interior de los barcos llevarían los hombrecitos que yo divisaba de lejos desplazándose sobre cubierta.

El momento estelar era cuando escuchaba el sonido de las sirenas de las naves entrando o abandonando el puerto. No por habitual dejaba de ser extraño. A veces parecía el quejido del Corazón Misterioso del Océano y otras un mensaje de buenos augurios, principalmente si el día estaba azul y claro. De madrugada, las sirenas me daban miedo.

Por esa época de contar barcos, en el barrio de mi abuela en Santos Suárez comenzó a hablarse en voz baja de Martha la flaca, que – según decían- andaba con marineros griegos. En esos años no había casi turismo extranjero en Cuba. Martha la flaca tenía un rasgo muy especial en su cuerpo: de entre los senos le salían copiosos vellos negrísimos, que ella no disimulaba; más bien los mostraba desafiante. Un tarde escuché a alguien sugerirle que se afeitara aquella mata de pelos entre las tetas. Ella respondió orgullosa: ¡que va, a los griegos les encanta¡

Al día siguiente cuando volví a la azotea de la calle Damas y atisvé un barco de bandera griega atracando en el puerto, me dije: tengo que avisarle a Martha la flaca, sus admiradores están llegando.

Desde entonces han pasado muchos capitanes y barcos por la Bahía de La Habana y en uno se fue Martha. Me pregunto en qué puerto envejecieron sus senos floridos.


sábado, 20 de junio de 2009

CLAVES DEL PASADO: LEY SECA Y TURISMO EN LA HABANA.


Por: Lázaro Sarmiento.

La Ley Seca en Estados Unidos “propició la estampida del turismo a favor de Cuba, como refugio de bebedores”. La ley que duró de 1920 a 1933 prohibía el consumo de bebidas alcohólicas en territorio norteamericano.


Las circunstancias aparecen mencionadas en el libro Cuba y turismo (Editora Política, La Habana, 1993). El autor Alberto Pozo, periodista y publicista, recuerda que en el año 1919 el corrupto presidente Menocal colocaba ciertas bases para desarrollar el turismo norteamericano en la Isla bajo el signo del juego de azar, apoyándose en una ley aprobada por el congreso cubano. Surgieron así tres grandes puntales para aquel turismo: el hipódromo, el casino nacional y el balneario de la playa de Marianao.

Según Pozo, en aquella época los barcos de viajeros en los muelles de La Habana eran esperados con una dotación de grandes carros abiertos que conducían directamente a los turistas hasta las destilerías y después hacia las casas de prostitución y juego (en el llamado barrio de Colón).

“A pesar de que la mayoría de los viajeros eran cruceristas (visitantes que duermen en los barcos que los transportan), siempre hubo demanda para abrir una etapa hotelera, generalmente alrededor del Prado, aunque se extendió a los actuales municipios Habana Vieja y Centro Habana. Fue la época de la construcción de las unidades siguientes: Plaza, Sevilla Biltmore, Parkview, Packard, Royal Palm, New York, Regina, Regis, Nueva Isla, Isla de Cuba, Lincoln, Alamac y otros”.



Imagen: Paseo del Prado de La Habana, 1928. El edificio que sobresale a la derecha en el fondo es el Hotel Sevilla Biltmore.
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